Se fueron todos: las cámaras, los activistas, los músicos y los presidentes. Ya son puentes fantasmas. De esta manera se describe la situación fronteriza, una imagen desoladora y metáfora del papelón internacional del Grupo Lima y EE.UU.
El alcalde de Cúcuta se ha quejado por la situación. Es que la ciudad fronteriza dinamiza la economía local a partir del paso de bienes y personas. En estos días dicha ciudad se ha transformado en un pueblo fantasma. Por otro lado, se quejó por la falta de apoyo del gobierno colombiano para afrontar la crisis laboral y económica.
El dirigente colombiano social y de DD.HH, Ramón Tamara, también de Cúcuta, responsabilizo de la situación al gobierno colombiano por iniciar acciones contra el país vecino sin realizar tareas compensatorias y de promoción local. Como explica detalladamente Tamara, los mercados y las calles se encuentran vacías, ya que el flujo de venezolanas y venezolanos se cuenta diariamente en cientos de miles.
En este contexto, las personas a pie no tienen por el momento ninguna expectativa de que la situación económica mejore. Con las calles y los puentes fronterizos sin pies de un lado al otro, las decisiones del gobierno hablan más de cómo se hacen las cosas en Colombia. Un transeúnte local lo define: primero la Casa Blanca sin pensar en su propio pueblo.

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