Hasta hace unos meses, México era uno de los 14 países de las Américas nucleados en el Grupo de Lima, una instancia internacional de Gobiernos críticos con la administración de Nicolás Maduro. Sus miembros resolvieron desconocer el proceso electoral venezolano con el que el mandatario fue reelegido en mayo de 2018.
Pero tras la asunción de Andrés Manuel López Obrador, el país dio un giro en su postura, y decidió no seguir el paso de las otras 13 naciones. Así, no reconoció a Juan Guaidó —presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, el parlamento de mayoría opositora— como mandatario interino de Venezuela, una medida tomada inicialmente por EEUU e imitada luego por el resto del Grupo de Lima y demás países.
En cambio, México está liderando junto con Uruguay el llamado al diálogo para alcanzar una solución consensuada de la crisis en Venezuela, y se ha ofrecido como sede para llevar a cabo negociaciones entre oficialismo y oposición. Maduro ha manifestado su disponibilidad a participar de esta posible instancia, aunque Guaidó se mostró contrario.
Este aparente giro en la postura de México se basa en la observación de la ‘doctrina Estrada’ que está haciendo la administración de López Obrador, guiada por los principios de libre determinación de los pueblos y de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.
La doctrina fue bautizada por una posición que tomó en 1930 Genaro Estrada, en aquel entonces secretario de Relaciones Exteriores. El canciller rechazó el reconocimiento de Gobiernos que llegan al poder por medios no constitucionales, «pues de esa práctica se han aprovechado Gobiernos poderosos para obtener ventajas de los países débiles», según recuerda un trabajo del diplomático Jorge Palacios Trevino.
Huacuja señaló a Sputnik que, a lo largo de su historia, México ha interpretado esta doctrina según las situaciones. En ese sentido, citó dos casos del siglo XX: cuando desconoció a la dictadura de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990) y a la de Francisco Franco, en España (1936-1975). «Esta doctrina Estrada no está labrada sobre piedra», sostuvo el académico.
Frente a la convulsionada realidad venezolana y a la presión de EEUU —que lideró el respaldo a Guaidó— Huacuja subrayó que la posición de México fue la medianía y la prudencia.
A criterio del profesor, la posición que México asumió ante el Grupo de Lima a comienzos de enero fue un antecedente claro de su decisión actual. En los primeros días del año, el Gobierno de López Obrador optó por no sumarse a la declaración emitida a Maduro anunciándole que no lo reconocerían como presidente de Venezuela a partir del 10 de enero, fecha en la que asumió el mandato para el que resultó elegido en los comicios de 2018.
De momento, opinó Huacuja, «es insuficiente» pensar en apenas México y Uruguay como promotores de una salida dialogada de los diferentes actores involucrados en la crisis de Venezuela.
De acuerdo con el profesor de posgrado de la UNAM, los tiempos dependerán fundamentalmente de la posición que mantenga el Ejército venezolano, fiel a Nicolás Maduro; así como de la presión del Gobierno estadounidense, que jaló con su reconocimiento rápido a Juan Guaidó, un apoyo de buena parte de los países latinoamericanos.
«Es difícil distinguir qué países han actuado por convicción y quienes por inercia, siguiendo la directriz de Washington», dijo. Se detuvo en el caso particular de Brasil, encabezado por el ultraderechista Jair Bolsonaro.
Para el académico, la apuesta debe pasar por la búsqueda de «posiciones más reflexivas ante un conflicto cuya salida no es tan sencilla ni tan inmediata como podría pensarse», concluyó.
Fuente: Sputnik News

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